LA CREACIÓN DEL OCTAVIN DE PEPE SÁNCHEZ

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Para salir del complicado escenario económico y los tristes recuerdos para encarar los nuevos retos, tras la muerte de su padre, un par de años después trasladaron sus vivencias al Cusco; la madre empezó con la venta de frutas y productos cerca al mercado de Qasqaparo, mientras Pepe y Amílcar los hermanos mayores, trabajaron como canillitas de periódicos y revistas; así solventaban la vivienda, los alimentos familiares y los estudios secundarios en el Colegio Nacional de Ciencias, en cuyas aulas destacó en el estudio y en la acumulación de conocimiento, producto de la lectura de los diarios y particularmente de las revistas semanales o mensuales que distribuían. Este esfuerzo consta en el Libro de Oro del Glorioso Colegio Nacional de Ciencias, su nombre figura en sus páginas, por haber destacado en los estudios y en la disciplina.

Luego aprendió a tejer chompas para las tiendas de turistas y artesanos, primero en los talleres como aprendiz, luego compró una máquina tejedora al crédito en las tiendas Singer de Mesón de la Estrella, con ella recreo nuevas prendas y adornos, enseño y organizó a sus hermanos para abrir su propio taller; este paso fue importante porque les dio estabilidad económica, salir de la ocupación de canillitas que era un trabajo de todo el día y mucho riesgo.

En su barrio histórico de Nueva Alta y Nueva Baja, tocaba guitarra con otros destacados músicos y guitarristas, como el T’ipi Araujo, el Chino Ríos, Pepe Rivera y el Pato Darío Alarcón, en las famosas y diversas teterías o tabernas de bohemia, así como en las picanterías, era una forma de ejercitar el dominio con la guitarra; a pesar que era un consumado admirador de la guitarra de Raúl García y el Chano Puente de la Vega; para entonces ya tenía clara sus ideas de su nuevo instrumento.

 

Una tarde pasó a limpio sus ideas al papelógrafo: con la ayuda de ollas hizo la parte circular del cuerpo y en ella ubicó el puente, los pines y la selleta, el número de trastes y los anchos del diapasón, el grosor y tamaño del mástil, el número y combinación de las doce cuerdas y su crrespondiente cejuela, así como el número de clavijas y el tamaño del clavijero.

En su trazado creativo, esta guitarra tenía que ser diferente al poco conocido requinto de los Panchos y que se usaban sólo en México y en América Central, en el  Perú no había instrumentos similares; necesitaba dotarla de tonos más altos y en varias ocasiones había practicado con guitarras pequeñas sus waynos, pero su temple o afinación, con cinco semitonos más altos que la guitarra, no satisfacía el gusto musical y melódico de Pepe Sánchez.

Con sus papeles, fue corriendo al taller del maestro Cirilo Orqosupa en la Calle San Agustín, uno de los reputados luthier o constructor de guitarras andinas; a pesar de los años de experiencia, descubrió la grandeza de la creatividad del joven cliente y comentó que se parecía al octavín y a la docerola de concierto, cercano también al tiple colombiano o jorocho, instrumentos cuyas cuerdas son melódicamente parecidas a las cuerdas del clavecín en teclado; el maestro dijo que la guitarra formulada o peticionada, no lo podía construir por la falta de moldes y falta de experiencia del caso.

Empecinado Pepe Sánchez, argumento y propuso pagar los moldes para su guitarra y el maestro aceptó; los soles que tenía ahorrados no alcanzaban, sólo la mano salvadora de Mama Eufracia ayudó a completar la costosa elaboración de la novedosa guitarra. En la práctica el autor, casi se convirtió en trabajador del maestro Orqosupa, porque debía ir diario para supervisar y verificar el proceso de construcción del octavín cusqueño, probar el diapasón y los tonos y semitonos que salen de las doce cuerdas, principalmente de las octavas que acompañan a la tercera, cuarta, quinta y sexta cuerda musical, todas ellas metálicas que generan una melodía dulce, que concordaban con los waynos o aya takis, que estaban en proceso creativo en su cabeza y en manos del autor y compositor.

Así nació el octavín cusqueño, de la creación e imaginación musical de Pepe Sánchez, sello característico de sus composiciones e interpretaciones; genialidad reconocida años después por destacados guitarristas y músicos como el Dr. Raúl García Zárate, los maestros: Conde Chávez guitarrista de Pastorita Huaracina, Daniel Kirwayo de los Heraldos, Antonio Gutiérrez Cateriano, Manuelcha Prado y Juan Pipa a quien enseño la construcción de su octavín y tocar para la China María; los Errantes de Arequipa, Trio Amanecer de Huancavelica, Trio Ayacucho; grabó varios temas para Nely Munguía, con Abdón Heredia de los Puquiales, Edwin Montoya y Bertha Barbarán; participó también junto a otros artistas como: el cholo Abanto Morales, el bolerista Iván Cruz, el gran Cholo Berrocal y su guitarrista Orlando Vento;  así como autores y compositores de Chile, Bolivia, Ecuador, con quienes tuvo el gusto de alternar y reconocen el aporte creativo musical del autor un Qosqo Runa.

Pepe Sánchez a diferencia de muchos músicos, que sólo reproducen o corretean canciones de otros, es un creador de su instrumento y sus canciones musical y poéticamente, tiene su propio lenguaje musical; en ello radica la grandeza de su aporte al arte musical del país; nunca olvidaría por otro lado las sabias lecciones del maestro Eleodoro Justiniani, que en una velada Musical en el Colegio de Ciencias le dijo:

-Carajo toca el wayno, lo haces bien y con corazón; no seas comodín, no toques cosas de la moda, porque serás un don nadie artísticamente, toca lo tuyo. Tremenda y perdurable lección para toda la vida.

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