Fenómeno El Niño Costero de magnitud fuerte restó más de 1 punto de crecimiento del PBI en 2017 y 2023

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La ocurrencia de fenómenos climáticos es cada vez más recurrente, lo que evidencia la vulnerabilidad del Perú dados sus efectos negativos sobre la infraestructura, la economía y los hogares. En febrero, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) activó la alerta acerca de la posible presencia del Fenómeno El Niño (FEN) Costero, de gran impacto en 2023. En consecuencia, el Gobierno extendió el estado de emergencia a más de 700 distritos y surge nuevamente la preocupación sobre la capacidad estatal para responder ante esta emergencia. Impacto económico del Fenómeno El NiñoLos efectos del FEN se manifiestan a través del incremento de temperaturas y de la ocurrencia de lluvias intensas que derivan en inundaciones. Así, el desempeño del agro y la pesca se ve afectado por las condiciones climáticas adversas; mientras que rubros como la construcción paralizan sus actividades. A ello se suman las pérdidas por daños a la infraestructura como viviendas, carreteras y establecimientos de salud, entre otros. En los últimos 50 años, resaltan cuatro episodios del FEN con impactos importantes sobre la economía: 1983 (extraordinario), 1998 (extraordinario), 2017 (fuerte) y, el más reciente, 2023 (fuerte). Basados en sus efectos económicos (estimados por el BCRP, el MEF y la CEPAL), la ocurrencia de un FEN costero de magnitud fuerte generaría una reducción de entre 1.1 y 1.5 puntos sobre el crecimiento del PBI. Por ello, tomando en cuenta estos episodios y partiendo de un crecimiento estimado para el 2026 de 2.9% por el Instituto Peruano de Economía (IPE) a finales de febrero, la cifra final podría reducirse a menos de 2.0%. 

El impacto sectorial también puede ser considerable. En el caso del agro, la alteración de las temperaturas y precipitaciones afecta tanto a la producción tradicional como a la orientada a la exportación. De hecho, en los últimos 15 años, los cultivos orientados a la exportación crecieron en promedio 10% en años normales, frente a solo 4% en años con FEN Costero. En pesca, el calentamiento del mar también deteriora las condiciones de captura: en años recientes con incidencia del FEN Costero, la captura de anchoveta en la zona norte-centro se redujo alrededor de 57%, considerando ambas temporadas.La ocurrencia del FEN también puede tener efectos sobre los precios. En particular, la inflación de alimentos y bebidas registró un alza transitoria en el primer trimestre de cada uno de los 3 episodios más recientes (1998, 2017 y 2023), la cual demoró en disiparse. El caso del FEN 2023 tuvo, además, el precedente de las presiones arrastradas por la crisis de los fertilizantes de 2022, que agravó el incremento de los precios. Estos aumentos deterioraron la capacidad adquisitiva de los hogares, sobre todo de los más vulnerables quienes destinan una mayor proporción de sus ingresos al consumo de alimentos (55%).

Respuesta estatalComo es usual, la respuesta estatal se concentró en otorgar mayores recursos a las regiones más afectadas en la costa: por ejemplo, para 2023-2024, se asignaron recursos por alrededor de S/ 4.6 mil millones (0.5% del PBI), de los cuales casi la totalidad (92%) se destinó a estas regiones. No obstante, según datos del MEF, S/ 3 de cada S/10 no fueron ejecutados. Peor aún, los recursos para el mantenimiento de carreteras en La Libertad y Lambayeque tuvieron ejecución nula, al igual que los recursos para el reforzamiento de la infraestructura educativa en Lima. Asimismo, los recursos para irrigación en Áncash, Lima y La Libertad apenas alcanzaron el 70% de ejecución.No basta con incrementar los presupuestos ni mejorar su ejecución, ello debe ir acompañado de un gasto más eficiente. Según el Índice Regional de Eficiencia en la Inversión Pública (IREI), Piura, Áncash y Tumbes se encuentran entre las cinco regiones con peor desempeño en la calidad del gasto de inversión.De momento, la Presidencia del Consejo de Ministros, como en cada episodio del FEN, ha solicitado el acceso a mayores recursos presupuestales. Sin embargo, la solución no debería limitarse a reaccionar una vez iniciada la emergencia. La prevención sigue siendo una tarea pendiente. Al 2024, el 66% de la superficie agrícola del país dependía de lluvias para su riego, lo que refleja una alta vulnerabilidad frente a shocks climáticos. Más aún, el presupuesto de inversión destinado a obras de prevención ha caído en más de 30% en los últimos dos años.Es urgente que cualquier ampliación de recursos venga acompañada de esfuerzos ligados a la prevención, sobre todo cuando el gasto de inversión orientado a la gestión del riesgo de desastres se ha reducido en términos reales por segundo año consecutivo. Fortalecer la planificación, hacer más resiliente la infraestructura frente a emergencias climáticas e impulsar obras que reduzcan la exposición de zonas agrícolas es el camino para contener los impactos de un fenómeno cada vez más recurrente. Cada FEN vuelve a poner en evidencia no solo la necesidad de cerrar brechas en infraestructura que permitan reducir la vulnerabilidad ante eventos extremos, sino también por un mayor aprovechamiento de la mayor disponibilidad del agua.